Antes de que Pedro de Heredia fundara la ciudad el 1 de junio de 1533 y la bautizara como "Cartagena de Poniente" (para diferenciarla de Cartagena, España), estas tierras ya tenían nombre, historia y dueños.
El asentamiento indígena que existía en lo que hoy conocemos como el Centro Histórico y sus alrededores tenía una identidad propia, profundamente conectada con el mar y la naturaleza.
Karmairí o Calamarí
El nombre original de este territorio era Karmairí o Calamarí, que en lengua nativa caribe significa "Cangrejo". Este nombre no era casualidad; hacía referencia a la geografía del lugar y a la abundancia de esta especie en la bahía y los manglares.
Los Mocanaes y el espíritu guerrero
Los habitantes originales pertenecían a la familia lingüística Karib, específicamente a la etnia de los Mocanaes. Eran conocidos por ser navegantes expertos y guerreros feroces. No entregaron sus tierras fácilmente.
La resistencia indígena en esta zona fue una de las más intensas del continente, liderada por caciques legendarios como Carex (en la zona de Tierrabomba). Su conocimiento de los canales y esteros hizo que la conquista fuera un proceso largo y difícil.
"Calamarí no era solo un pueblo, era una red compleja de comunidades conectadas por el mar y los manglares, viviendo en armonía con la bahía de las ánimas."
El legado vivo
Aunque la ciudad colonial se construyó sobre el antiguo Calamarí, el nombre no ha desaparecido. Hoy lo vemos en hoteles, edificios y marcas locales que rinden homenaje a nuestras raíces precolombinas.
Cuando navegues con Queku por la bahía hacia las islas, recuerda que estás surcando las mismas aguas que los antiguos mocanaes recorrieron en sus canoas siglos atrás. Esa conexión con el mar es la herencia más pura que conservamos.
Dato Curioso:
La "India Catalina", símbolo de la ciudad, fue clave como intérprete entre Pedro de Heredia y los indígenas de Calamarí, permitiendo la comunicación en esos primeros años turbulentos.